Un Laboratorio de Movimiento Somático es una pausa consciente en la inercia del día a día. Es un entorno diseñado para la exploración refinada de la biomecánica humana a través de la neuroplasticidad.
A diferencia de los métodos de entrenamiento convencionales basados en la repetición y el rendimiento externo, el laboratorio se centra en el proceso cognitivo del movimiento. Aquí, utilizamos secuencias suaves —basadas en el Método Feldenkrais— para interrogar nuestros hábitos físicos.
¿Por qué un laboratorio? Porque cada sesión es un experimento personal. Al reducir el esfuerzo y aumentar la sensibilidad, permitimos que el sistema nervioso reorganice funciones básicas como caminar, girar o respirar, transformándolas en acciones más eficientes, elegantes y libres de dolor.
Un Laboratorio de Movimiento Somático se centra en cómo se siente el cuerpo desde adentro.
El término proviene de la palabra griega soma, que se refiere al cuerpo percibido por la persona desde su propia experiencia interna. Por lo tanto, este no es un espacio para "entrenar" músculos, sino para refinar la consciencia.
Lo llamamos laboratorio porque el enfoque es la experimentación. Aquí no hay una "forma perfecta" que copiar del instructor. En su lugar, se proponen pautas para que cada participante explore:
La curiosidad sobre el juicio: No se trata de hacerlo "bien", sino de observar qué sucede mientras te mueves.
Menos es mas: Aprender a realizar movimientos con el mínimo de tensión necesaria.
La neuroplasticidad en acción: Al movernos de formas nuevas y conscientes, creamos nuevas rutas en nuestro sistema nervioso.
En una sesión típica, utilizamos herramientas que nos permiten "re-estructurar" nuestra arquitectura corporal:
Propiocepción e Interocepción: Desarrollar la capacidad de sentir la ubicación de nuestros huesos y el estado de nuestros órganos.
Micro-movimientos: Exploraciones sutiles que liberan patrones de tensión crónica que el ejercicio vigoroso suele ignorar.
Relación con la gravedad: Aprender a entregar el peso y encontrar soporte eficiente en la estructura ósea.
La Respiración como Guía: No como un ejercicio forzado, sino como el motor orgánico de cada gesto.
Participar en este laboratorio no solo mejora la movilidad o la postura; es una herramienta de autorregulación. Al profundizar en la escucha corporal, reducimos el estrés, mejoramos la gestión emocional y recuperamos la fluidez natural que el sedentarismo o el ritmo de vida actual nos suelen arrebatar.
Es, en esencia, el arte de aprender a habitar tu propia piel.